| "Rituales visibles e invisibles en la ceremonia de izamiento de la bandera" |
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Lic. Oswaldo Rodríguez Chávez. Docente ISPP “Pucará”. Lic. Javier Ruiz Gutiérrez. Investigador CIPDES Edwin GUEVARA, Alina GUZMÁN Dalia ENRIQUEZ, Jackeline TESÉN, Odalix TINEO. Estudiantes de la Especialidad de Primaria ISPP “Pucará”.
Claro, que una cosa es hacer de los rituales procesos mínimos de homogeneización social donde se tejen referencias simbólicas colectivas y, otra muy distinta, es buscar a través de ellos eliminar toda diferencia persiguiendo -como hizo la escuela pública Argentina- lo "uniforme-uniformante", es decir, lo Uno, lo Mismo, lo Idéntico a perpetuar ad infinitum” Cecilia Olorón ![]() Al visitar el ISPP “Pucará” del distrito del mismo nombre, destaca su arquitectura moderna, que contrasta nítidamente con otras infraestructuras públicas de la zona. Esta institución superior congrega una población aproximadamente 250 estudiantes, se encuentra ubicado en la parte alta de la ciudad de Pucará, específicamente en el pueblo joven San Martín de Porres, asentado en una amplia colina que termina por unirse a los imponentes cerros que rodean el distrito.
Es lunes, son las 7:30 a.m. y el sol ya quema como de costumbre, los “estudiantes del pedagógico” comienzan a poblar las calles de la ciudad y desde todas direcciones se dirigen a su centro superior de estudios. Algunos van en mototaxi, otros caminando apresuradamente. No falta quienes van tan despacio que pareciera buscan alargar el tiempo de su llegada, quizás con la finalidad de hacerse tarde y no ingresar, porque saben que los días lunes se realiza la ceremonia de izamiento de la bandera y, por sus comentarios, se hace notorio el poco afecto que tienen por este acto cívico. Así una estudiante comenta a su compañera: “Pa’ que vamos a ingresar, si como tontos nos tienen parados en tremendo sol”
Sin embargo, estos son los menos ya que la mayoría si apresura el paso e ingresan temprano.
Mientras esperan el toque del timbre, muchos se van a los balcones o a las bancas formando pequeños grupos de chicos y chicas, generalmente, de los que comparten una misma aula. Las conversaciones que se entablan son variadas ya que las tareas, ya que las fiestas del fin de semana, ya que muchas bromas de connotación sexual. “Ya llegó la disco[1]” - Entre risas la aludida responde: “ya empiezas a joder”
Uno argumenta: “Esta ni un domingo pierde”. Haciendo alusión a que nunca falta a las fiestas del fin de semana. Otros aprovechan para ir a sus aulas, donde algunos inmediatamente buscan a algún compañero solidario que les preste el trabajo dejado por sus docentes.
Sin embargo, la mayoría se queda divagando por el patio, los pasillos y los jardines. Un grupo de estudiantes ya característico se ubica estratégicamente en el jardín frente a las escaleras. Se echan en el pasto esperando alguna “víctima”, ya que desde su posición tienen una vista privilegiada de las “intimidades” de alguna fémina que baje hacia el patio. A partir de lo cual elucubran excitantes conversaciones: “Hunnnnnnn….. gánate, gánate, la germita que baja tiene buen pan que rebanar”. “Mira a la Fuana, ya la acaban. Mucho mata chancho, come chicharrones toda la noche”. Ni las profesoras parecen salvarse de las miradas inquisitivas de los estudiantes, que con el calor matutino parecieran haber calentado sus hormonas. Los silbos no se dejan esperar, aprovechan la juventud e inexperiencia de la maestra nueva para imponer sus propias reglas. Uno de los más osados del grupo lanza un piropo: “Amorcito. Estas como se pide”.
La profesora acelera el paso (tratando de ignorar lo sucedido) y se dirige a la dirección a controlar su asistencia y ha ponerse a buen recaudo.
Destaca en estas conversaciones matutinas previas a la formación las de una fuerte connotación sexual, muchas usando frases de doble sentido cargadas de erotismo. La crudeza a veces puede afectar a un observador externo poco acostumbrado a este tipo de expresiones, sin embargo, su presencia en lo cotidiano de las conversaciones previas a la formación no parecen afectar, ni sonrojar a los presentes ya se trate de grupos de hombres, mujeres o mixtos.
Siendo las 8:00 a.m. suena el timbre anunciando el llamado a formación y los estudiantes comienzan su desganada caminata hasta el patio, en el cual se van formando algunas columnas humanas. Algunos buscan escabullirse en sus aulas para no participar de la formación. Frente a lo cual unos profesores tratan de motivar se de una participación más activa de los estudiantes en la formación, por lo que inclusive van de aula en aula a sacar a los rezagados: “Ya tocaron el timbre que esperan”. “A formar muchachos”.
Sin embargo, sobre el punto hay que hacer una precisión al respecto, ya que esta buena costumbre de los maestros comenzó después que se enteraran de la naturaleza del presente estudio.
Son pocos los profesores que apoyan a dinamizar la formación, otros continúan revisando sus papeles en el “aula de profesores”. Con el correr de unos minutos algunos salen y se acomodan en la parte alta del patio que constituye el lugar preferencial para participar el la ceremonia del izamiento de la bandera. Un hecho a resaltar es que los profesores contratados casi nunca faltan a este acto. El brigadier general, recientemente nombrado, también se dirige a la parte del patio junto con los profesores que se aprestan a presidir el rito patrio.
En las columnas que se van formando se comienza a notar un orden ascendente, por ciclos y secciones. Muy pronto el patio se encuentra cubierto de estudiantes que tratan de mantener un orden casi marcial.
Un grupo de estudiantes entre hombres y mujeres de los que han venido haciendo lenta su llegada al instituto, al ver que ya se toco el timbre y la formación ya comienza a tomar forma se quedan fuera agrupándose en zonas estratégicas, que les permita hacer su espera lo mas cómoda posible. Algunos se acomodan junto a un árbol que esta frente a la entrada, otros junto a una casa cercana y algunos merodean por la puerta del instituto. En promedio generalmente quedan fuera entre 20 o 30 estudiantes. Muchos están sentados en algunas piedras que existen en sus lugares estratégicos. Nadie parece estar preocupado. La mayoría conversa entretenidamente en sus grupos que han formado. Entre sus conversaciones se van dando ánimos y van invitando a otros a unirse a su “reunión”: “Para que vas a estar allí como cojudos. Para escuchar a tu papá”[2]
Hay que agregar que su no ingreso es una decisión personal, ya que oficialmente no hay ninguna prohibición para que ellos puedan incorporarse a la ceremonia de izamiento.
Mientras tanto en la formación, el brigadier sale al frente de su ubicación y da las ordenes tradicionales que garanticen marcialidad: ¡En columnas…… a cubrir! ¡Firmes!. ¡Descanso!. ¡…..ción!
Los alumnos finalmente quedan en posición nítidamente ordenados en columnas. El brigadier ensayando una voz cada vez más marcial hace el llamado a la escolta: “A los alumnos encargados de trasladar la bandera hacia el mástil”
Frente al llamado tres alumnos que salen de alguna de las columnas, pasan a ordenarse y formar la escolta. Estos alumnos generalmente pertenecen a una sección determinada y le corresponde izar la bandera de acuerdo al cronograma establecido por la dirección.
Un profesor se acerca a la escolta y le entrega la bandera doblada al estudiante del centro. El Brigadier nuevamente da ordenes: “Con la escolta…. Paso de camino….. ¡Marchen!”.
Frente a lo cual la escolta se dirige hacia el mástil que se encuentra ubicado frente a la dirección. El Brigadier continua ordenando: ¡Con el alumnado…. Derecha,…… Derecha!
Frente al mástil el alumno que lleva la bandera la extiende, mientras otro de sus compañeros de escolta se acerca y desamarra la cuerda en la que se acostumbra a izar la bandera y procede amarrarla, para luego comenzar a izarla.
Mientras la bandera se va elevando un registro detallado permite observar actitudes poco reverentes con la solemnidad del acto entre los estudiantes. Unos se encuentran cogiendo el pelo, otros se están moviendo o jugándose de manos, alguno se muerde las uñas con desesperación, riéndose y hasta conversan:
María habla en voz baja a sus compañeras: “hay, han perdido en el voley” Una de sus compañeras de columna comenta: “Tan gafas que son; que se han dejado ganar de esas chatas”. Alguien más argumenta: “ya cállense… que ya paso”.
En otro extremo Juan llama la atención de su compañero de al lado: “Mira como iza la bandera ese huevon. No sabe agarrar la pita”. Su compañero contesta: “Por las puras salen a izar la bandera, a la próxima me voy a ir yo”.
El brigadier ordena que a la voz de tres se cante el himno nacional: “¡Con el Alumnado… A la voz de tres entonar el himno nacional!”.
Acto seguido el da la voz inicial que es seguida en coro por todos los participantes en la ceremonia: “Somos libres… seámoslo siempre”.
Sin embargo, algunos cantan y otros no. Nuevamente los movimientos, risas, empujones y conversaciones en voz baja. En realidad son muy pocos lo que respetan la sacralidad de este rito patrio.
Terminado el himno el Brigadier levanta la voz y dice: “Viva el Perú”
Ante lo cual los participante responden en coro: “¡Viva! Seguido de una andanada de aplausos”.
El ritual se repite con idéntico procedimiento para cantar el himno institucional. No esta demás decir que durante estos momentos, nunca dejan de haber expresiones que rompen con lo que se puede tener como ideal para este acto cívico.
Acto seguido toma la palabra el director del instituto, para dar a conocer un tema de interés institucional como por ejemplo la actitud de ciertos alumnos de escribir palabras obscenas en las paredes de los baños: “Que es lo que esta pasando con Ustedes. Se están educando para docentes y sin embargo las paredes de los baños aparecen rayadas con palabras obscenas”
La mayor parte de los alumnos se ríen ante el comentario. Los cuchicheos sobre el tema no se hacen esperar. Terminado su discurso el director ordena pasar a las aulas. La ceremonia ha concluido. Ante el anuncio los estudiantes estallan en emoción y salen apresuradamente en todas direcciones, algunos a sus aulas, otros a los baños, y otros tantos a la biblioteca. Usa sensación de alegría pereciera acompañar este “rompan filas”.
Este momento también es aprovechado por los estudiantes que no ingresaron a la formación para pasar al instituto tranquilamente, uniéndose al bullicio general que significa el termino de la formación.
No hay duda que existe una gran diferencia de la motivación colectiva con la que se inicia la formación y con la que se termina. El izamiento como rito llamado a fomentar el amor patrio y el civismo entre los participantes como parte del discurso de “ideal”, poco o nada tiene que ver con la realidad de una ceremonia donde los estudiantes y algunos maestros se encuentran “obligados” por la costumbre a asistir a la ceremonia. Situación que se gráfica nítidamente en sus acciones que rompen con lo estricto del rito, se subvierte el orden marcial, proliferan las conversaciones profanas. En fin todas ellas manifestaciones de un rechazo “invisible” a lo formal de la ceremonia de izamiento de la bandera. |
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