Cooperación extranjera mejora educación en Escuela de Callanca
IRENE LARRAZ. Periodista Española.
Una niña trae un par de manzanas a la profesora Jenny Quirós Román. La maestra agradece y le pregunta a la niña por su madre. Unos minutos más tarde se asoma un varón, que le comunica que su compañera está en el parque llorando. No pasa mucho tiempo sin que llegue la siguiente. Esta vez no escucho lo que le dice porque la niña se acerca al oído de la maestra y le susurra algo mientras su compañera espera un poco más atrás en el despacho de dirección de la escuela nº 10.035 'Jorge y Enrique Pisfil Villalobos' de Callanca, en Monsefú, Perú.
Es un día normal en la escuela de Callanca. Los niños posan curiosos delante de la cámara, y paran el balón de fútbol para sonreír al extraño que llega a visitar. "Por aquí pasaban antes las vacas y el ganado", me explican, señalando el enclave del arquero en la cancha de fútbol que tiene el patio del colegio.
Hace cinco años la escuela se propuso cambiar. "Era un colegio pues, lo que se piensa cuando se escucha zona rural, te imaginas algo rústico", explica Jenny, que sólo tenía 22 años cuando llegó como maestra, hace ya otros veinte.
Crecía la población, pedían casas prestadas para dar clases y seguían sin dar a basto. Al final se decidió poner aulas prefabricadas, "no había estructura, el aula era de adobe, no teníamos baños, no había agua y teníamos que ir a las casas vecinas. Estábamos cantando el himno nacional y los señores con sus vacas, con sus burros querían que nosotros a los alumnos les hiciéramos a un lado para dejarlos pasar".
Aunque el colegio cumple 94 años el nombre lo recibe hace seis. Jorge Pisfil Villalobos nació en Callanca, pero emigró. En Estados Unidos hizo fortuna y se acordó de su pueblo, y de su escuela. Donó el terreno, ayudó con la construcción, su hermano colaboró con el material escolar y convenció a su amigo americano James Stuart para que aportara regalos de navidad a los 350 alumnos de primaria y otros 100 de secundaria. "El cariño para su terruño", lo llama Jenny.
"Es una bendición", repite Jenny. Pero la verdadera bención es cuando llegó una ONG, reconoce. Cipdes(Centro de Investigación y Promoción del Desarrollo Sostenible), la última en formar una alianza, quien con el apoyo directo de la Fundación Ayuda en Acción y el Gobierno de la Rioja no sólo llega con la propuesta del aula honguito para la estimulación temprana, si no tambien la implementación de un centro de computo y la construcción de una losa polideportiva, donde los niños pueden complementar su educación haciendo deporte.
Jenny
Un maestro de escuela en Callanca recibe un salario de alrededor 1.200 soles al mes. –¿Y alcanza? –Hay profesores que invierten horas extra en otras escuelas o con clases a particulares, o como chóferes por las tardes, ahí se las ingenia. La canasta básica cuesta 2.000 soles. Jenny vive pasado Chiclayo, en la zona de Pimentel, cerca de la playa. El pasaje al colegio le sale 5 soles. "Feliz. No me quiero ir de acá", dice Jenny riéndose mientras analiza que ya han pasado veinte años desde que llegó. Ahora es coordinadora de primaria y se siente orgullosa, dice.
La ong Cipdes colaboró con los maestros para elaborar el Programa Educativo Institucional (PEI), un documento que aúna las inquietudes de toda la comunidad educativa; madres, alumnos y docentes con una proyección a hacerlo a 10 años. "Ahora ya tenemos que modificarlo porque nuestra ambición era lograrlo para 10 años y ya hemos cubierto muchas de las cosas que no pensábamos", cuenta la maestra.
Las docentes hacen también el papel de madres en muchas ocasiones. Si un niño falta a la escuela ellas van a la casa para averiguar si ha sido maltratado, si le han puesto a trabajar o si simplemente tiene una gripe. "Más vale la miel que la hiel", recuerda Jenny.
"Yo tenía un niño, cuando yo llegué, todavía de soltera y el héroe me decían todas las mamás 'no, profesora, a este niño no lo reciba; le quita la lonchera, al hermano le pega, le grita, es malo profesora'. Yo no puedo discriminar a nadie, son niños, tienen seis años. Un monstruo, ¿no? Entonces, un día me siento a conversar con él y llorando me cuenta, ¿no? 'Mi mamá me ha dejado, se ha ido con otra persona (su mamá era madre soltera) y me ha dejado al cuidado de mi tío. Y mi mamá me ha dejado con mi vaca, y mi tío vende la leche de mi vaca y es para él, a mí no me deja nada', pero él tenía que trabajar, llevar a cuidar a los animales... y se aprovechaban. Y yo también ahí llorando con mihijito".
Diana
"Se ha logrado disminuir el machismo", cuenta Medalí Cabrera, otra de las maestras de Callanca. Las niñas vienen a la escuela hasta la primaria, la secundaria ya es una mala inversión, parafrasean a los padres. Este viernes se elige al 'alcalde' del colegio, una especia de delegado que debe portar un emblema, una especie de banderín e imponer el orden en la escuela. Las dos listas presentadas están lideradas por mujeres "va a ser alcaldesa". "Es muy bonito, una experiencia maravillosa", repite Diana cuando le pregunto si le gusta ir a la escuela y también cuando le pregunto sobre las clases de computación, que tuvo el año pasado por primera vez. Nunca antes había usado un ordenador. Word, excel y google eran fantasmas y hotmail un desconocido. Desde que se fue escribe a menudo a Ascen, la que fue su profesora. Ascen volvió a La Rioja y ahora se reencuentran, ambas se preguntan cómo les ha ido y Diana le cuenta que se ha convertido "en una gran poeta". –¿Conoces alguna de memoria? –Sí. Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, y el temor de haber sido y un futuro terror... Y el espanto seguro de estar mañana muerto, y sufrir por la vida y por la sombra y por lo que no conocemos y apenas sospechamos, y la carne que tienta con sus frescos racimos, y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, ¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!
Exon
"Hay algunas que ya cocinan a los 8 años", responde Medalí a la pregunta sobre si los niños, además de ir a la escuela, tienen que trabajar en el campo o con el ganado. "La mayoría", dice rotundamente. "Yo tengo el niñiecito que está sacando la cabeza por acá –dice señalando a la puerta, donde hay tres cabecitas curiosas mirando–, él recién viene después de dos años que lo habían retirado del colegio. Se llama Exon, es un Velásquez". Los fines de semana sigue yendo a la chacra (el huerto), donde cultiva maíz, frijoles y camote. Entre semana, antes de ir a clase a las 8 de la mañana, Exon recoge la leche que han ordeñado varias familias y la alcanza hasta un punto en el que se encuentra con sus padres, donde se la deja para que la vayan a vender a Chiclayo. –¿Y cómo vas? –En motocicleta. –¿Y qué haces después? –Duermo. –¿A qué hora te levantas? –A las 4 de la mañana. –¿Cuántos años tienes? –Once.
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