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Mujeres tejen sin parar ositos de anteojos en Chongoyape PDF Imprimir E-Mail

Irene Larraz
Periodista

Mujeres tejen sin parar ositos de anteojos en ChongoyapeDe fondo, el traqueteo de dos máquinas de coser que no se interrumpen ni cuando comienza el turno de las preguntas. Una quincena de mujeres forman un círculo en sus sillas con la mirada fija en el peluche que cada una sostiene en sus manos.

Berta me responde entre murmullos y puntazos, mientras las demás comentan divertidas la visita que interrumpe su cotidianidad en Chongoyape, en la zona norte de Perú.


Hasta hace poco, este grupo que en realidad conforman 27 madres, se quedaba cada una en su casa mientras entre sus ideas se iba tejiendo la de crear una asociación que las constituya como artesanas. Cosen y modelan ositos de peluche en alusión al 'oso de anteojos', como comúnmente se conoce al mamífero que habita en el bosque seco de Chaparrí.

Pero la iniciativa llegó de la mano de los visitantes. El nuevo cambió que dio el cerro de ser un terreno baldío a otro de observación y contacto con la naturaleza atrajo a numerosos turistas, mientras el mercado de los souvenir estaba desatendido.

"Con lo poquito que vendemos ya llevamos a nuestro hogar aunque sea un par de soles, y eso nos ayuda a elevar nuestro nivel de vida, a mejorarlo", cuenta Berta, la dirigente del grupo. El Gobierno de La Rioja decidió apoyar este proyecto de Ayuda en Acción a través de la organización Cipdes, que ofreció un curso de capacitación sobre costura y bordados a las mujeres para aportarles nuevas vías de desarrollo aprovechando los recursos que tienen.

Otras mujeres que ya sabían hacer algunas artesanías comenzaron a unirse al grupo, rescatando viejas técnicas ya olvidadas y recuperando un entusiasmo por su cultura e identidad.

"Compramos el material, luego el molde y vamos pedacito por pedacito, formando el osito, que es el emblema de nuestra comunidad", muestra Berta, mientras da vuelta a un cuerpo de oso que Lucila, su compañera, está cosiendo.

Con un metro de tela de ocho soles salen 20 ositos, que se venden a diez soles cada uno (alrededor de 3,5 euros). Los dos últimos meses han hecho un esfuerzo extra para responder al pedido de 400 ositos a Francia, primera vez que los comercializan en el extranjero.

El beneficio se reparte y una buena proporción permanece en el colectivo para reinvertir. Además, cada modelo es diferente y la creatividad se premia, ya que cada una se apunta un tanto cuando sus ositos son vendidos.

Todas coinciden en que este trabajo, además de aportarles una ayuda económica, les ayuda a lograr más autonomía a la espera de que llegue el sueldo de su marido a fin de mes. Además de alejarlas de la ociosidad y de las novelas, cuenta Mariela, les permite pasar un tiempo juntas y conversar entre ellas.

"Las mujeres tenemos que luchar y avanzar, y seguir adelante, ese es nuestro objetivo", concluye Berta, determinante.

 
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